La escalada inflacionaria

La presidente y sus funcionarios primero hablan de “reacomodamientos y tensión de precios”, y no de alzas sostenidas en el nivel general de precios. El Indec sigue haciendo méritos para fogonear el realismo mágico del Gobierno y hacernos creer a nosotros, argentinos de carne y hueso, que nuestra realidad es la “virtual”.

Pero los apologistas del populismo económico también esgrimen argumentos para sostener que la “tensión” en los precios no tiene nada que ver con el desbarajuste de las cuentas públicas. Se trata de pujas distributivas (que las hay); y de empresarios especuladores que usan su poder de mercado para aprovecharse de la recuperación del consumo (que también los hay; muchos promovidos por las políticas del Gobierno). En esta visión, el problema se soluciona ampliando la oferta con más inversión y, mientras tanto, controlando precios, dando subsidios y reprimiendo especuladores. Lo ideal es un acuerdo corporativo que fije precios y salarios. ¿Recuerdan a Gelbard?

La falacia de este razonamiento está en ignorar las condiciones que articulan el proceso de inversión. Con controles que fallan, mercados negros, desabastecimiento, tarifas congeladas, señales de precios distorsionadas... ¿quién va a invertir para ampliar la oferta? El rezago de la inversión estrangula la oferta esperada, y la presión del consumo, exacerbado por el gasto público, acelera la inflación. Para evitar la escalada inflacionaria se usa el ancla del dólar. La inflación aprecia el peso... hasta que entran a faltar dólares. ¿Recuerdan a Rodrigo? No el cantante; el fugaz ministro de economía de Isabelita.

La película económica de hoy no se parece a la del 2001 sino a la de 1975. Por eso está borrosa en el imaginario colectivo. Pero empezó el tiempo de descuento: o ajuste ortodoxo para reducir la inflación con secuela recesiva; o ajuste con escalada inflacionaria también recesiva (estanflación)

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