LA ESCUELA
AUSTRÍACA DE ECONOMÍA
Por Roberto Cachanosky
Introducción
El pensamiento de la Escuela Austríaca de Economía ha penetrado
en el mundo académico muy recientemente. De las tres escuelas que produjeron la
revolución marginalista a fines del siglo XIX, la austríaca es la menos divulgada.
Esto, tal vez, se debió en parte al idioma alemán, poco
conocido, y en parte a la persecución nazi que obligó a las principales figuras a
abandonar Viena a mediados de 1930, provocando de esta manera su dispersión.
A fines del siglo XIX y principios del XX el predominio de la
Escuela de Cambridge era muy claro; el siguiente párrafo de Joan Robinson así lo
refleja:
Cuando llegué a Cambridge los Principles de Marshall
eran la Biblia, y conocíamos muy poco más allá de él. Jevons, Cournot, inclusive
Ricardo, eran hombres de pie de página. Escuchábamos hablar de la Ley de Pareto, pero
nada acerca del sistema de equilibrio. Suecia estaba preparada por Cassel, América por
Irving Fisher, Austria y Alemania eran apenas conocidas. La economía era Marshall
Aunque en nuestros días el pensamiento de la Escuela Austríaca
es mucho más conocido, todavía se nota en la bibliografía universitaria un claro
predominio del enfoque de Cambridge y Lausanne. Los libros de texto de microeconomía y
macroeconomía, los manuales de introducción a la economía y los libros de teoría de
los precios así lo demuestran.
Tal vez, lo más grave es creer que las diferencias entre el grupo
austríaco y el de Cambridge-Lausanne consisten en la manera de exponer la
teoría de la utilidad marginal y la formación de los precios, cuando en realidad existen
diferencias sustanciales. Este trabajo no pretende ser novedoso, y menos aún para los que
fueron educados en la tradición austríaca, pero intenta llamar la atención de aquellos
que no lo fueron sobre estas diferencias sustanciales.
Los economistas "austríacos", sobre todo los de las
últimas generaciones, cuentan con una gran ventaja sobre el resto de sus colegas. Al
pasar por la universidad debieron realizar el esfuerzo de estudiar la teoría económica
desde el punto de vista de las escuelas de Cambridge y Lausanne. Tuvieron que leer libros,
artículos y escuchar a profesores de estas escuelas durante cinco o más años. Este
ejercicio ayuda mucho a abrir la mente al análisis de los distintos argumentos, y a
cumplir en gran medida con lo que Ludwig Von Mises recomendaba a sus alumnos:
"lean todo lo que sus profesores les indican leer. Pero no
lean solo eso. Lean más. Lean todo acerca de un tema, desde todos los puntos de vista, ya
sean socialista-marxista, intervencionista o liberal. Lean con mente abierta.
Aprendan a pensar. Solo cuando conozcan su campo desde todos los
ángulos podrán decidir que es correcto y que es falso. Solo entonces estarán preparados
a responder a todas las preguntas, inclusive las que les hagan sus opositores".
Tanto los profesores como la bibliografía austríaca
están, en nuestros días, casi ausentes en las carreras de economía. Si los estudiantes
no entran en contacto por voluntad propia con esta tradición, terminan sus carreras con
una visión amputada de la ciencia económica. Este trabajo tiene como objetivo contribuir
a la divulgación de la historia y teoría de la Escuela Austria de Economía.
El nacimiento del Imperio Austrohúngaro
En 1805 Austria sufre una serie de derrotas militares frente a las
fuerzas de Napoleón. Francisco renuncia a su titulo de emperador de Roma para convertir
se en Francisco I, emperador de Austria. A pesar de esta derrota, Austria era considerada
como el país líder de habla alemana para luchar contra Napoleón. Nuevos encuentros
militares, en 1809, terminaron desventajosamente para Austria con el tratado de paz de
Schönbrunn.
Esta derrota trae a escena a un personaje de suma importancia para
la historia de Austria: Klemens W. Von Metternich ocupa el Ministerio de Relaciones
Exteriores debido al fracaso de la política exterior de su antecesor, Johann von Stadion.
Hasta 1848 Francisco I y Metternich realizan una política que es fiel ejemplo de
despotismo.
Generalmente el pensamiento del monarca se resume en una frase muy
citada: "¿Pueblo? ¿Que significa eso? Yo solo conozco súbditos". Si bien
Metternich debe su fama a su política exterior donde se encuentra el arreglo de la boda
de Napoleón con María Luisa, tuvo muy poca influencia en los asuntos internos. Pese a
esto su imagen quedo identificada con el despotismo, puesto que en varias ocasiones fue el
encargado de enviar fuerzas para reprimir las rebeliones liberales. La restricción de la
libertad había llegado a tal extremo que se había declarado ilegal imprimir la palabra
"constitución" en los periódicos.
A la muerte de Francisco I, en 1835, lo sucede su hijo Fernando I,
quien, debido a una enfermedad, no estaba en condiciones de gobernar. Por lo tanto, el
gobierno fue puesto en manos de una regencia de la cual Metternich formaba parte. Los
reclamos de libertades eran cada vez mayores.
A comienzos de 1848 se produce una revolución en París
reclamando libertades civiles, que repercute inmediatamente en Viena, Bohemia y Hungría.
En marzo, la revolución liberal llega a Austria. Se reclaman constituciones escritas,
asambleas representativas, sufragio más universal, límites a la acción de la policía,
libertad de prensa y abolición de la esclavitud, que aún existía.
Metternich escapó a Inglaterra disfrazado y una asamblea
representativa preparó una constitución y abolió la censura y la esclavitud. Los
revolucionarios, sin embargo, no eran muy fuertes y en el mes de junio se produce una
contrarrevolución que se prolonga hasta diciembre. El día 2 de ese mes el emperador
Fernando es obligado a abdicar y lo reemplaza su sobrino Francisco José I.
Hungría ejerció la mayor resistencia a la contrarrevolución.
Francisco José I se vio obligado a pedir ayuda al zar Nicolás de Rusia para vencer la
resistencia húngara. El nuevo régimen contaba con un jefe de ministros de fuerte
personalidad, el príncipe Schwargenberg, quien tenía gran influencia y se oponía a
cualquier forma de expresión popular que no fuese la del gobierno.
Los nuevos gobernantes realizaron una política exterior
desastrosa que condujo a Austria a una serie de guerras que serían la causa de su propia
caída. Rusia, que la había ayudado en la lucha contra la resistencia húngara, se
sintió traicionada cuando Austria se mantuvo neutral durante la guerra de Crimea
(1854-1856) y hasta estuvo a punto de convertirse en su enemiga. En 1859 se vio envuelta
en una guerra contra Cerdeña y Francia, en la que fue derrotada. En 1864 se unió a
Prusia para pelear contra Dinamarca, pero luego entró en disputa con su aliada acerca de
la repartición de los territorios dinamarqueses conquistados, lo cual condujo a un
enfrentamiento armado que terminó con la victoria prusiana en la batalla de Sadowa o
Könngrätz (3 de junio de 1866).
Estas guerras produjeron gran deterioro en la economía austríaca
y dejaron al gobierno muy desprestigiado. El emperador se vio obligado nuevamente a
otorgar reformas constitucionales. Las provincias pudieron elegir diputados para el
Parlamento Imperial, con la victoria del movimiento liberal.
En 1867 se produjo un hecho de gran importancia. Austria y
Hungría firmaron un tratado conocido como Ausgleich (compromiso), creando una
monarquía dual sin precedentes en Europa: el Imperio Austrohúngaro. Al oeste del río
Leith estaba el Imperio Austríaco, y al este, el reino de Hungría. Cada uno tenía su
propia constitución y su propio parlamento. Ninguno podía intervenir en los asuntos
internos del otro. Los factores de unión eran los siguientes: el emperador de los
Habsburgos era común, los delegados de los dos parlamentos se reunían alternativamente
una vez en Viena y otra en Budapest y, por último, había un ministro común para las
finanzas; política exterior y guerra.
El Imperio Austrohúngaro se desintegró a fines de 1918 al
culminar la primera guerra mundial. Su último emperador fue Carlos I (1916-1918).
El ambiente académico
En los días en que Menger enseñaba en la universidad, el
gabinete austríaco estaba dominado por miembros del partido liberal que apoyaban las
libertades civiles, la igualdad ante la ley, el dinero sano y la libertad de comercio. El
predominio liberal terminó a fines de los años setenta cuando la Iglesia., los
príncipes y los condes de la aristocracia checa y polaca, sumados a lo partidos
nacionalistas, formaron una coalición contra el partido liberal. Esta alianza respondía
a ideales opuestos al de los liberales. Sin embargo, la constitución que estos le habían
hecho aceptar al emperador en 1867 y las leyes fundamentales que la complementaban se
mantuvieron vigentes hasta la desintegración del Imperio.
Este marco legal creó el clima propicio para el desarrollo de una
vida intelectual libre. Viena se transformó en el centro científico y cultural tal vez
más importante de Europa. "Con la excepción de Bolzano", dice Mises,
ningún austríaco contribuyó con algo de importancia en las ciencias filosóficas
o históricas antes de la segunda parte del siglo XIX. Pero cuando los liberales
removieron las trabas que impedían cualquier esfuerzo intelectual, cuando abolieron la
censura y denunciaron el concordato, mentes eminentes empezaron a converger hacia
Viena.
Una escena similar describe Popper : [...] antes de 1914
reinaba una atmósfera de liberalismo en la Europa situada al oeste de la Rusia zarista,
atmósfera que se extendió también por Austria y que fue destruida, al parecer para
siempre, por la primera guerra mundial. La Universidad de Viena, con sus numerosos
profesores verdaderamente eminentes, gozó de un alto grado de libertad y autonomía, así
como también los teatros, que fueron tan importantes en la vida de Viena (casi tanto como
la música). El emperador se mantenía distanciado de todos los partidos políticos y no
se identificó con ninguno de sus gobiernos.
Entre los nombres mas famosos de aquella época se encuentran los
de Franz Brentano, quien inauguró una línea de pensamiento que terminó en la
fenomenología de Husserl, Ernst Mach, Moritz Schlick y Rudolf Carnap, inauguradores del
positivismo lógico. En psicología Sigmund Freud y Alfred Adler abrieron una nueva
corriente.
El gobierno estaba limitado por tres factores para intervenir en
los programas de las universidades. En primer lugar, no podía entrometerse en el
contenido de las doctrinas que se enseñaban. Los profesores gozaban de amplia libertad
académica para organizar sus cátedras, programas y bibliografía. En segundo lugar, el
ministro estaba obligado a nombrar únicamente a los profesores que postulaban las
autoridades de la facultad. Y, por último, existía una institución llamada Privat-Dozent,
que permitía a cualquier persona con el grado académico de doctor y que hubiera
publicado un libro científico, solicitar a las autoridades de la facultad su admisión
como profesor ad honorem y privado en su disciplina.
En el terreno de la ciencia económica la Escuela Clásica había
alcanzado su pleno apogeo en Inglaterra con John Stuart Mill. La defectuosa teoría de los
precios de esta escuela generaba algunos problemas, pero su autoridad era casi
indiscutida. En los países de habla alemana, por el contrario, el historicismo era la
corriente de pensamiento predominante y habría de desempeñar un papel muy importante en
la vida de la Escuela Austríaca.
Los precursores de la Escuela Histórica fueron Adam Müller
(1779-1829) y Friedrich List (1789-1804), pero los principales representantes de la
llamada Escuela Histórica Antigua fueron Wilhelm G. F. Roscher (1817), Bruno Hildebrand
(1812-1878) y Karl Knies ( 1821-1898 ).
Hildebrand, en su libro Die Nationalokonomie der Gegenwart und
Zukunft (1848) (La Economía Política, la actualidad y el porvenir), realizaba una
critica a la economía clásica en la cual negaba la existencia de leyes naturales y
afirmaba que lo que existía eran leyes de evolución histórica. Por su parte, Knies no
admitía una validez absoluta de las leyes evolutivas; su tesis esta expuesta en su obra Die
Politische okonomie vom geschichtlichen Standpunkte (1853) (La economía política
desde un punto de vista histórico). Por último, Roscher simpatizaba con el pensamiento
de los clásicos, pero propugnaba el método histórico de investiga ción.
A comienzos de la década de 1870 surge la Escuela Histórica
Moderna, cuyo fundador fue Gustav von Schmoller; entre sus miembros mas destacados se
encontraban L. Brentano, K. Bücher y G. F. Knapp. Se caracterizaba por negar leyes de
validez universal en las ciencias sociales y por oponerse al liberalismo propugnado por
los economistas clásicos. Schmoller participó en la fundación de la Verein für
Socialpolitik (Sociedad para la política Social), en 1872. La escuela recibió el
nombre de Kathedersozialismus (Socialismo de cátedra). Las ideas de la Escuela
Histórica Moderna eran las que predominaban en el mundo de habla alemana en el momento
del nacimiento de la Escuela Austríaca. Las principales discrepancias entre estas dos
escuelas se produjeron en el terreno epistemológico; las posteriores generaciones de la
Escuela Austríaca prestaron mucha atención a este tema.
Carl Menger (1840-1921)
Carl Menger es el fundador de la Escuela Austríaca de Economía,
y antes de él no había economistas famosos en Austria. Dado el prestigio de la Escuela
Clásica en Inglaterra y el de la Escuela Histórica Moderna en Alemania y Austria, Menger
fue en sus comienzos un luchador solitario. Hasta fines de la década de 1870 no existía
una "Escuela Austríaca": sólo estaba Carl Menger.
El primer libro de Menger, Gründsätze der Volkswirthschaftslehre (1871)
(Principios de Economía Política), significaba un ataque tanto a la Escuela Histórica
Moderna como a los economistas clásicos. A la primera porque el libro implicaba la
existencia de leyes económicas universales y atemporales que eran negadas por los
historicistas, y a los segundos, porque daba un giro copernicano con respecto a la teoría
de los precios. Para Menger no eran los costos de producción los que determinaban el
precio de los bienes (valor en cambio); como sostenían los clásicos, sino justamente a
la inversa.
Como era de prever, dado el predominio del pensamiento historicista, los Gründsätze cayeron
en un vacío casi total y no tuvieron ninguna repercusión de importancia. El libro tuvo
sólo unos pocos lectores, entre los que se encontraban Eugen von Böhm-Bawerk, Friedrich
von Wieser y Alfred Marshall. Como veremos luego, sólo Böhm-Bawerk continuó y dio
renovado impulso a las ideas de los Gründsätze.
En la década de 1870 en Alemania había solamente cuatro revistas
profesionales dedicadas a la economía. Los Gründsätze aparecieron comentados en
tres de ellas. El comentario del Zeitschift pierde la idea central del libro; el
del Vierteljahrschift es un poco mejor. En cambio, el Jahrbücher, fundado
por el historicista Bruno Hildebrand, deplora que el libro sea breve y esté escrito por
una persona joven. El Schmoller Jahrbuch no hizo ningún comentario.
Menger captó inmediatamente que la causa del fracaso de su primer
libro era el predominio del método historicista y decidió entonces, interrumpir sus
actividades docentes para dedicar su tiempo a escribir su segundo libro, Untersuchungen
über die Methode der Socialwissenschaften und der Politischen ökonomie insbesondere (1883)
(Investigación sobre el método de las ciencias sociales y de la economía política en
especial). Este tratado critica en especial la posición metodológica de la Escuela
Histórica Moderna y defiende la posibilidad de una teoría económica universal y
atemporal.
Obviamente, las Untersuchungen recibieron una acogida
desfavorable. Schmoller, que en el caso del primer libro de Menger permaneció en
silencio, reaccionó ahora con una fuerte crítica en su Jahrbruch, en un tono muy
ofensivo. Menger respondió en una serie de dieciséis cartas, que posteriormente fueron
publicadas bajo el título de Die Irrthümer des Historismus in der Deutschen
Nationalökonomie (1884). (Los errores del historicismo en la economía política
alemana). Eran muy polémicas y algunas de ellas resultaban injuriosas para Schmoller.
Menger justificaba el bajo nivel académico de sus comentarios y los ataques ad hominem
contra Schmoller argumentando que cuando los académicos se ven atacados por un
ignorante deben aprovechar la oportunidad para dirigirse al publico en general
en un nivel que le sea accesible.
Schmoller cerró el debate negándose a comentar los Irrthümer
y devolviendo a Menger la copia que este le había enviado con una carta no muy
amistosa. En esta disputa, conocida con el nombre de Methodenstreit, no sólo
participaron Schmoller y Menger, sino que se plegaron también a ellos discípulos de
ambas partes.
El nombre de Escuela Austríaca surgió en torno del Methodenstreit.
Después de la victoria prusiana sobre los austríacos en la batalla de Koniggratz, llamar
a alguien austríaco tenía en Alemania una connotación peyorativa.
Así, Schmoller y sus discípulos comenzaron a llamar
austríacos a los que sustentaban la posición del grupo de Viena. De aquí
surgió el nombre Die österreichische Schule (La Escuela Austríaca), para
identificar a Menger y sus discípulos.
La mayor parte de los comentarios sobre este debate coinciden en
que la disputa no produjo ningún avance científico. Según Von Mises: "el Methodenstreit
contribuyó muy poco a la clarificación del problema en discusión. Menger estaba muy
influido por el empirismo de John Stuart Mill para sacar todas las consecuencias lógicas
de su propio punto de vista. Schmoller y sus discípulos, que se limitaron a defender una
posición indefendible, ni siquiera comprendieron de que trataba la controversia".
El último aporte de importancia de Menger fue un trabajo sobre moneda en el cual expone
tanto la evolución histórica del dinero como una teoría del valor de este. Este trabajo
serviría posteriormente como base de la teoría monetaria de Wieser, Von Mises y Weiss.
Menger era un hombre de elevada estatura y personalidad imponente.
Uno de sus principales hobbies era coleccionar libros; llegó a formar una biblioteca
personal de mas de 20.000 volúmenes. En lo que respecta a su actuación como docente, es
interesante citar el siguiente relato de H. R. Seager, economista norteamericano, que
asistió a sus cursos:
El profesor Menger lleva bien sus cincuenta y tres años.
Cuando expone en sus clases rara vez utiliza sus notas, excepto para verificar una cita o
una fecha. Las ideas parecen surgirle mientras habla; las expresa con un lenguaje tan
claro y simple y las enfatiza con gestos tan apropiados, que es un placer escucharlo. El
estudiante siente que lo transportan en vez de dirigirlo, y cuando se llega a una
conclusión, ésta viene a su mente no como algo inconexo, sino como la consecuencia obvia
de su propio proceso mental. Se dice que aquellos que asisten a las clases del profesor
Menger con regularidad no necesitan otra preparación para su examen final en economía
política, y estoy dispuesto a creerlo. Muy pocas veces he escuchado a un conferenciante
que posea el mismo talento para combinar claridad y simplicidad de exposición, junto con
una amplia visión filosófica. Sus clases rara vez se hallan por encima de la
capacidad de sus estudiantes menos capaces y, sin embargo, instruyen a los más
brillantes.
Por último, debe señalares la posición de Menger acerca de la
libertad de cátedra. Mientras Schmoller declaró públicamente que los miembros de la
escuela abstracta no debían enseñar en las universidades alemanas y su
influencia hizo posible llevar a la práctica su pensamiento, Menger pensaba que no
hay mejor manera de poner en evidencia el contrasentido de un modo de razonar que
permitirle seguir todo su curso hasta el final.
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