Ecuación 1.1.
| Donde: |
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Precios al principio
y fin del período. |
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Rentabilidad
expresada en tanto por uno |
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Dividendos y derechos
repartidos en el período t. |
Esta rentabilidad a posteriori, Ri,t ,
es una magnitud conocida con certeza. Sin embargo, a priori, se trata de una variable
aleatoria de carácter subjetivo que depende de nuestras expectativas. Como variable
aleatoria podrá tomar distintos valores, con unas probabilidades determinadas. La
esperanza matemática de dicha variable aleatoria nos proporciona una medida de la
rentabilidad, y su varianza nos da una medida de la dispersión o riesgo del activo
financiero correspondiente.[2]
Otra forma de proyectar la rentabilidad esperada
de una acción es utilizar un promedio histórico de las rentabilidades ocurridas en el
pasado. Como en todos los modelos de serie de tiempo, utilizamos el supuesto de que el
pasado se repite.
1.1.2.
Riesgo de un valor
Definición de riesgo:
Incertidumbre sobre el futuro. Grado de
incertidumbre que acompaña a un préstamo o a una inversión. Posibilidad de que el
rendimiento efectivo obtenido de una inversión financiera sea menor que el rendimiento
esperado. Convencionalmente, se suele utilizar como medida del riesgo la variabilidad en
la tasa de los rendimientos que se obtienen de la inversión, medida por la desviación
típica o el coeficiente de variación.[3]
Efectivamente, el riesgo
o volatilidad de un activo financiero se mide por la dispersión de sus posibles
resultados, utilizando usualmente como medida la diferencia entre rentabilidades extremas.
Lo que buscamos con esta medición es saber la magnitud del riesgo y su probabilidad de
ocurrencia.
Cuantitativamente, el riesgo
se representa con la varianza o con la desviación estándar, (que resulta más
fácil de interpretar) que es igual a la raíz cuadrada de la varianza. La interpretación
de la desviación estándar se ve simplificada debido a que su resultado está expresado
en las mismas unidades que la rentabilidad esperada.
Dada una determinada
rentabilidad, cuanto mayor sea la desviación estándar, mayor será el riesgo.
Con la desviación
estándar podemos cuantificar al menos cuál será el intervalo en el cual caerá una
determinada rentabilidad futura. O también cuál será la probabilidad de obtener una
rentabilidad esperada.
Las tasas de rentabilidad se
aproximan a una distribución normal.
Las propiedades de la
curva normal permiten calcular probabilidades que pueden revestir interés, como alcanzar
o superar un determinado nivel de utilidades o de rentabilidades, que las mismas estén
entre dos valores determinados, etcétera.[4]
Utilizando una curva normal,
se toma como media a la rentabilidad esperada, y, sumándole y restándole la desviación
estándar, se obtienen los extremos de dicha curva, según explican en su obra Brealey y
Myers:
Una característica
importante de la distribución normal es que puede definirse completamente con tan solo
dos parámetros. Uno es la media o «rentabilidad» esperada; el otro es la varianza o la
desviación típica.[5]
No son medidas
arbitrarias: si las rentabilidades se distribuyen normalmente, éstas son las dos únicas
medidas que un inversor necesita considerar.[6]
1.2.
Rentabilidad y riesgo de una cartera
1.2.1.
Rentabilidad de una cartera
La rentabilidad de una cartera será igual a la media ponderada de las rentabilidades de
los activos que la componen. Se ponderarán las rentabilidades por el peso específico
que cada activo tiene en la cartera.
E(RP) = Rentabilidad esperada de la
cartera
Wn= Porcentaje de la cartera (en tanto
por uno) invertido en cada acción.
E(R1)= Rentabilidad esperada de cada
acción que entra en la cartera.
1.2.2.
Riesgo de una cartera
El riesgo de una cartera formada por dos valores
viene dado por la expresión:
La covarianza nos dice en qué medida dos
acciones se mueven en el mismo sentido; si la covarianza es positiva, quiere decir que
cuando la rentabilidad de una acción sube, la de la otra también sube; si la covarianza
es negativa, quiere decir que cuando la rentabilidad de A sube, la de B baja. Si la
covarianza es próxima a cero, quiere decir que las dos acciones son independientes.
Un parámetro estadístico que nos indica la
relación entre dos acciones es el coeficiente de correlación r. Este coeficiente viene
dado por la siguiente fórmula:
Esto se explica de la siguiente manera: si A sube
un 20 por 100 y B baja un 20 por 100, rab valdrá -1; si B sube también un 20
por 100, rab valdrá 1. Si A y B no tienen ninguna relación entre sí, rab
valdrá cero o próximo a cero.
La desviación estándar de la cartera en el caso
de un r=1 es la media ponderada de las desviaciones estándar de los activos que la
componen. En ese caso, cada activo que se aporta a la cartera incrementa la rentabilidad y
el riesgo de la cartera en la misma medida. En el caso de que r sea menor que uno, la
desviación estándar de la cartera será menor que dicha media ponderada.
Como el rendimiento esperado de una cartera es
siempre la media ponderada de los rendimientos de sus componentes, mientras que la
desviación estándar es menor que la media ponderada de las desviaciones de sus
componentes en el caso de carteras con activos que no estén perfectamente
correlacionados, siempre tendremos una combinación rentabilidad/riesgo mejor que
cualquier valor tomado individualmente.
1.2.3.
Diversificación y riesgo no sistemático
Comenzaremos citando a Brealey y Myers:
La cartera de mercado está formada por
acciones individuales; entonces ¿por qué su variabilidad no refleja la variabilidad
media de sus componentes? La respuesta es que la diversificación reduce la variabilidad.
Incluso con una pequeña diversificación se
puede obtener una reducción sustancial en la variabilidad.[7]
Esto tiene relación con el coeficiente de
correlación mencionado en el punto anterior, según explica Pascale:
...mientras menor sea la correlación entre
los rendimientos de los activos, mayores serán los beneficios que se obtienen de la
diversificación.
La correlación entre los rendimientos de los
activos es de vital importancia para el riesgo total de los portafolios.
Mayores serán los beneficios de la
diversificación cuanto más baja sea la correlación entre los rendimientos de los
activos que se están considerando.[8]
Para comprender el tema de diversificación,
debemos previamente distinguir el riesgo sistemático y el no sistemático:
Riesgo sistemático:
Se trata de uno de los riesgos que afectan
al rendimiento de un valor mobiliario. En concreto, el riesgo sistemático o de mercado no
depende de las características individuales del título, sino de otros factores como la
coyuntura económica general, o acontecimientos de carácter político, que, a su vez,
inciden sobre el comportamiento de los precios en el mercado de valores... [9]
Riesgo no sistemático o específico:
Se trata de uno de los riesgos que afectan
al rendimiento de un valor mobiliario. En concreto, el rendimiento específico o propio
del título depende de las características específicas de la entidad o empresa emisora:
naturaleza de su actividad productiva, competencia del equipo directivo, planes de
expansión, investigación y desarrollo, solvencia, tamaño, etc...[10]
El riesgo no sistemático o específico puede ser
reducido mediante la diversificación. Sin embargo, no podemos eliminar por completo el
riesgo, ya que permanecerá el riesgo sistemático, ya que es inherente al mercado en que
se opera, y que no es controlable por medio de la diversificación. Por ejemplo, al
comprar acciones de IBM, Ford, etc., eliminamos el riesgo inherente a cada una de estas
empresas (riesgo procedente de su mercado, producto, etc.), pero no a los riesgos que
afectan a todos los elementos de la cartera en forma general. Por el hecho de cotizar en
bolsa, las acciones anteriores están sujetas a los vaivenes de la bolsa, que a su vez
dependerán de diversos factores económicos.
1.3.
Función de utilidad
1.3.1.
Función de utilidad del inversor
El inversor requerirá ciertos niveles de
rentabilidad de acuerdo con el riesgo. Por ejemplo, invertirá en letras al 10 por 100%
con riesgo cero, o en acciones al 15 por 100% y riesgo 20 por 100%, etc. Estas dos
combinaciones de riesgo/rentabilidad, pueden ser indiferentes para él. Si ponemos en una
figura todas las combinaciones de riesgo/rentabilidad que le son indiferentes (o
igualmente deseables), obtenemos una curva de indiferencia o curva de utilidad. A medida
que el riesgo aumenta, también lo hará la rentabilidad solicitada. Esto se justifica en
el hecho de que para el inversor, la rentabilidad es algo bueno o que aumenta la utilidad,
pero el riesgo es algo malo, o que reduce la utilidad. Por lo tanto para que el inversor
permanezca indiferente, a mayor rentabilidad se le debe agregar mayor riesgo hasta el
punto tal de dejarlo indiferente entre el aumento de utilidad por mayor rentabilidad y la
disminución equivalente de utilidad por aumento de riesgo.
La forma cóncava de las curvas de
indiferencia se corresponde con la conducta bastante usual entre los inversores de mostrar
una aversión creciente a los mayores riesgos (se le reduce la utilidad); es decir, para
que la satisfacción se mantenga constante, la relación incremental entre ganancia y
riesgo tiene que ser creciente, algo que ya explicamos intuitivamente en el párrafo
anterior.
El inversor preferirá, entre todas las posibles
curvas de utilidad definidas por su aversión al riesgo aquella que le dé rentabilidad =
infinito y riesgo = 0, pero se encuentra limitado por los activos existentes en el
mercado, que en ningún caso tienen dichas características. Por ello, se moverá por las
curvas de utilidad próximas a los activos existentes.
Dijimos que los inversores en general son aversos
al riesgo, pero para probarlo transcribimos las siguientes líneas clarificadores de Sachs
y Larraín:
Partimos del supuesto de que la mayoría de
los inversionistas son aversos al riesgo; es decir, les interesa reducir el riesgo tanto
como maximizar los retornos esperados. Cuando los agentes solo se preocupan de los
retornos esperados de sus portfolios, sin importarles el riesgo, decimos que son neutrales
al riesgo. Pero si la mayoría de los agentes fueran realmente neutrales al riesgo, los
individuos no contratarían seguros ni los inversionistas harían ningún esfuerzo para
diversificar su portfolio financiero. Se contentarían con ser dueños de un solo activo
(el que promete el retorno esperado más alto). Por el contrario, como los agentes
contratan seguros y dedican considerable esfuerzo a diversificar sus portfolios, tenemos
que concluir que el supuesto de aversión al riesgo es apropiado.[11]