1.4.
Cartera de activo sin riesgo y activo con riesgo
1.4.1 Línea de Asignación de Activos
Podemos combinar un activo con riesgo y un activo
sin riesgo de infinitas maneras, dependiendo del peso que demos a cada uno en la cartera.
Las carteras resultantes tendrán diferente rentabilidad y riesgo.
Si hacemos un gráfico de la rentabilidad y
riesgo de cada una de estas carteras compuestas por distintas proporciones de activo con
riesgo, obtendremos lo que se conoce como línea de asignación de activos o Capital
Allocation Line. En ordenadas aparece la rentabilidad esperada de la cartera completa
formada por activo con y sin riesgo; en abscisas aparece su riesgo. Existe una relación
entre la rentabilidad de una cartera y su riesgo.
El punto Rf de la recta, representa
una cartera formada al 100 por 100 por activo sin riesgo. El punto P representa una
cartera formada al 100 por 100 por activo con riesgo. Las carteras a la derecha de P
representan carteras compradas con fondos que fueron tomados prestados a una rentabilidad
libre de riesgo.
| Gráfico Nº 1.1. |
 |
1.5.
Cartera óptima de activos con riesgo
Hemos visto cómo combinamos un activo sin riesgo
con una cartera con riesgo determinado con anterioridad. Ahora vamos a ver cómo podemos
llegar a una diversificación eficiente, es decir, cómo podemos obtener una cartera que
nos dé el mínimo riesgo para cada nivel de rentabilidad esperada.
Para facilitar la exposición, nos referiremos a
la combinación de sólo dos activos con riesgo a la hora de formar la cartera. Si
dibujamos los puntos rentabilidad/riesgo obtenidos sobre un eje de coordenadas,
obtendremos la curva de oportunidades de inversión o frontera de eficiencia.
| Gráfico Nº 1.2. |
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Gráficamente, vemos que las carteras por debajo del punto M son ineficientes, pues para
cada una de ellas existe otra por arriba con el mismo riesgo y mayor rentabilidad.
Podemos, entonces, suprimir esa parte de la curva. La cartera de riesgo mínimo se
encuentra en el punto M de la figura.
| Gráfico Nº 1.3. |
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1.6.
Cartera óptima para cada inversor
Puede ser que la cartera óptima así encontrada
no sea satisfactoria para el nivel de riesgo del inversor, porque éste prefiera un menor
o mayor nivel de riesgo. Entran aquí en juego las curvas de utilidad, como lo dice
Pascale:
El óptimo surge, entonces, de la
confluencia de las preferencias subjetivas sobre riesgo y rendimiento y las oportunidades
de portafolios de inversiones que el mercado posibilita.[12]
La situación será la siguiente: tenemos un
activo sin riesgo y una cartera óptima; combinando ambos obtenemos la línea de
asignación de activos. Todo esto nos lo da el mercado. Lo que aporta el inversor es su
grado de aversión al riesgo representado por las curvas de utilidad. La cartera óptima
para un inversor particular será aquella en la que su curva de utilidad sea tangente a la
línea de asignación de activos.
| Gráfico Nº 1.4. |
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Por lo tanto, un gestor de carteras propondrá a
todos los inversores la misma cartera con riesgo. La única diferencia entre dos
inversores es que el más averso al riesgo invertirá más en activo sin riesgo y menos en
la cartera óptima, y viceversa.
Para finalizar con este capítulo, repasaremos
las etapas básicas para la constitución y selección de carteras óptimas, extraídas de
la obra de Pascale:
a) La primera
etapa consiste en determinar a partir de qué activos se va a trabajar para elaborar la
frontera de eficiencia, esto es, el conjunto de portafolios óptimos. En ella,
habitualmente, participan el inversor y algún asesor en inversiones.
b) La segunda etapa tiene que ver con el
análisis de los activos elegidos en la anterior. Este análisis deberá terminar con la
determinación de los rendimientos esperados, varianzas y covarianzas de todos los activos
que están en consideración. En esta fase, la responsabilidad recaerá sobre el analista
de activos.
c) La tercera etapa es la determinación del
conjunto de portafolios eficientes. A partir de los rendimientos esperados, las varianzas
y las covarianzas de los activos involucrados, que se calcularon en el paso anterior, se
determina la composición de activos, asimismo el riesgo y el rendimiento de los
portafolios eficientes que componen el conjunto eficiente. Este concepto, como se
analizó, conforma la frontera de eficiencia en forma curva cóncava creciente, que
vincula el riesgo (medido por la varianza) con los rendimientos esperados. Esta fase
habitualmente, está en manos de un administrador de portafolios.
d) La cuarta parte es la elección, por parte del
inversor, del portafolio óptimo en términos de su apreciación subjetiva sobre el
riesgo. En esta etapa, la participación del inversor es decisiva. Frecuentemente, éste
es aconsejado por un asesor en inversiones.[13]