INTRODUCCIÓN
A continuación voy a desarrollar la evolución sufrida por los Sistemas Monetarios desde
1870 hasta la actualidad; analizando cada uno de los modelos utilizados en las distintas
épocas de acuerdo a las necesidades del comercio internacional, con el objetivo de lograr
una mayor comprensión del funcionamiento de los mismos.
El análisis plasmado en este trabajo, servirá para comparar el funcionamiento de los
sistemas que regulan el comercio, las posiciones adoptadas por las potencias mundiales,
los mecanismos utilizados para solucionar el interminable problema de falta de liquidez y
su papel como soporte de los mismos.
Entre los fondos dedicados a proporcionar liquidez y estabilidad en los tipos de cambio,
encontramos el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Fondo Europeo de Cooperación
Monetaria (FECOM), a nivel mundial y europeo respectivamente.
Este último ha desarrollado un sistema monetario propio, siendo precursor de un nuevo
modelo de gran dimensión, que actualmente se encuentra en su última etapa de
implementación, por lo que sus efectos solo pueden analizarse en forma parcial.
SISTEMA MONETARIO INTERNACIONAL
El Sistema Monetario Internacional (SMI) se refiere a las instituciones por medio de las
cuales se pagan las transacciones que traspasan las fronteras nacionales, determina cómo
se fijan los tipos de cambio y cómo pueden influir en ellos los gobiernos.
La necesidad del SMI surge al aparecer la moneda como medio de pago (1870), momento en que
se empieza a desechar como tal el uso de los bienes y a generalizar la utilización del
papel moneda. En el instante en que este último se utiliza para realizar pagos al
exterior, se vuelve indispensable el hecho de contar con unas reglas de valoración de
esas monedas.
Este Sistema Monetario se presenta como un conjunto de acuerdos, leyes, mecanismos
bancarios, instituciones monetarias internacionales, instrumentos financieros, etc., que
regulan el trasvase de los flujos monetarios entre países, desenvolviéndose en función
de ciertas reglas de juego perfectamente establecidas, aceptadas por todos los países que
participan en el mismo. Su objetivo es procurar la generación de liquidez monetaria a los
fines que las transacciones internacionales se desarrollen en forma fluida , radicando en
esto la necesidad de su correcto funcionamiento. De ahí la significación asignada a los
problemas monetarios mundiales, que son causa y efecto de las alteraciones sufridas en el
nivel de la actividad económica de cada uno de los países.
Uno de los aspectos más relevantes observado a través de la historia de los distintos
sistemas monetarios internacionales vigentes desde fines del siglo pasado, es el abandono
del principio de independencia entre las decisiones gubernamentales y el funcionamiento
del sistema.
El
comercio internacional se realiza con diferentes monedas nacionales, que están ligadas
por los precios relativos llamados tipos de cambio. Las transacciones entre monedas de
distintos países se realizan en el mercado de cambios ó divisas. En este mercado se
lleva a cabo el cambio de moneda nacional por monedas de los países con los que se
mantienen relaciones económicas, originándose un consenso de ofertas y demandas de
moneda nacional a cambio de monedas extranjeras. En el mercado de divisas, la demanda de
nuestra moneda procede de extranjeros que desean comprar nuestros bienes, servicios e
inversiones; la oferta de nuestra moneda proviene de conciudadanos que quieren comprar
bienes o activos financieros extranjeros. La relación entre estas ofertas y demandas
determinan el tipo de cambio.
Un descenso del precio de mercado de una moneda es una depreciación; un aumento de su
valor es una apreciación. En un sistema en el que los gobiernos tienen unos tipos de
cambio oficiales, una bajada del tipo de cambio oficial se denomina devaluación, mientras
que un aumento se denomina sobre valuación.
El elemento fundamental
del Sistema Monetario Internacional son los mecanismos por medio de los cuales se fijan
los tipos de cambio. En los últimos años, los países han utilizado uno de los tres
grandes sistemas de tipos de cambio siguientes:
Un sistema de tipos de cambio flexibles o fluctuantes, en el que los tipos de cambio son
determinados enteramente por las fuerzas del mercado.
Un sistema de tipos de cambio fijos.
Un sistema híbrido de tipos de cambio 'dirigidos', en el que el valor de algunas monedas
fluctúa libremente, el valor de otras es el resultado de la intervención del Estado y
del mercado y el de otras es fijo con respecto a una moneda o a un grupo de monedas.
EL SISTEMA DEL PATRÓN ORO
EL PATRON-ORO CLÁSICO
Este sistema fue dominante en el período 1880-1913. En él, los países expresaban su
moneda en una cantidad fija de oro, estableciendo así unos tipos de cambio fijos entre
los países acogidos al patrón-oro.
Desde el punto de vista teórico, se lo consideraba un sistema totalmente automático y
que no necesitaba de medidas gubernamentales, nacionales o de la cooperación
internacional para su correcto funcionamiento.
Los rasgos más característicos del patrón oro se pueden describir como sigue:
a. %09 La unidad
monetaria nacional estaba definida en términos de determinada cantidad de oro. Así por
ejemplo: el peso oro-argentino, de acuerdo con la ley 1130 contiene 1,45161 gramos de oro
fino; el dólar norteamericano, según una ley de 1934, posee aproximadamente 0,88867
gramos.
b. La relación de
equivalencia o la paridad monetaria se obtenía al comparar el contenido de oro de dos
monedas cualesquiera que participaban dentro del mecanismo. Por ejemplo, con los datos de
a) resulta que un peso oro argentino es equivalente a 1,6334 dólares norteamericanos.
c. Los medios de pagos
internos constituidos por billetes del Banco Central eran convertibles en oro en forma
irrestricta. En la época en que la Argentina estaba asociada a las reglas del patrón oro
(1899-1914), operaba la Caja de Conversión que cumplía la función de entregar billetes
de curso legal por monedas de oro, y viceversa, en una proporción de 227,27 pesos papel
por 100 pesos oro o 100 papel por 0,44 oro.
d. En cada país la
emisión de billetes por parte del organismo emisor estaba regulada estrictamente en
función de las existencias de oro. Si la cantidad de billetes aumentaba, era como
consecuencia del crecimiento del stock de oro. Las reservas de oro eran equivalentes a la
cantidad de billetes en circulación en base a la proporción señalada en el punto
anterior.
e. La convertibilidad de
las monedas que participaban en el sistema quedaba asegurada a tipos de cambios fijos
determinados: por la paridad entre las monedas, mediante la libertad de
importación-exportación de este metal.
Es así como funcionó básicamente el patrón-oro hasta 1914. Naturalmente, los países
tendían a utilizar sus propias monedas. Pero todo el mundo tenía libertad para acuñar
monedas y venderlas al precio del oro que estaba vigente. Por tanto, todos los países que
seguían el patrón-oro tenían unos tipos de cambio fijos; los tipos de cambio (también
llamados 'valores paritarios' o 'paridades') entre las diferentes monedas dependían del
contenido de oro de sus unidades monetarias.
Como el oro era bastante incómodo de llevar, los gobiernos tuvieron que emitir
inevitablemente unos certificados de papel convertibles en ese metal. El público podía
cambiar oro por certificados y certificados por oro y a menudo ejercía ese derecho. El
transporte transoceánico era lento y caro, por lo que los tipos de cambio no eran
exactamente fijos, sino que fluctuaban en una estrecha banda.
Estas variaciones que se derivaban del coste del transporte del oro se denominaban puntos
oro, (punto de compra de oro y punto de venta de oro) y era la fluctuación que se
permitía sobre el tipo de cambio fijo.
Todas estas
características, que son las principales, tendían a unificar en un solo cuerpo el
sistema monetario internacional con el sistema monetario de cada uno de los países
componentes. El ajuste de cualquier desequilibrio en las cuentas externas de un país se
producía en forma totalmente automática, por lo menos en teoría. Dicho mecanismo de
ajuste se puede explicar simplemente como sigue: si un país padecía en un momento dado
de un desequilibrio del balance comercial por un exceso de importaciones con respecto a
las exportaciones tenía que acudir a sus reservas en oro a los efectos de cancelar la
diferencia. Por lo expresado en el punto d), una reducción del stock de oro provocaba
inmediatamente una disminución en los medios de pagos. A través de un principio muy en
boga, que vincula las variaciones de la oferta monetaria con el nivel de los precios,
conocido bajo el nombre de 'Teoría cuantitativa del dinero', dicha disminución de los
medios de pagos traía aparejada una baja en los precios internos y por ende, en los
precios de los productos que el país exportaba. Esta caída en los precios de los bienes
que vendía el país provocaría un aumento en la demanda de los países extranjeros,
razón por la cual las exportaciones tenderían a incrementarse. Este acontecimiento
restablecería el equilibrio de las cuentas externas. Si se hubiera partido de una
situación con superávit, el mismo proceso, pero invertido, hubiera llevado a una
situación de equilibrio al sector externo.
El mecanismo descripto y
las reglas de juego que le servían de fundamento, no surgían de ningún acuerdo o
convenio escrito por parte de los países particulares sino de una mera aceptación de
ajustarse a normas de conducta que exigían su funcionamiento. Pero en la realidad, había
detrás de él un país que actuaba como el sol dentro del sistema planetario. Este no era
otro que el Imperio Británico que gozaba en aquellos tiempos de un gran poder de
decisión en los aspectos económicos financieros mundiales. Si el patrón oro cumplió
con el objetivo que tenía previsto, fue por el apoyo y dirección de esa nación. El
especial interés de gran Bretaña en el comercio internacional, dado que dependía de
éste en gran medida para proveerse de los bienes alimenticios y materias primas para su
propio desarrollo, fue la causa de su gran preocupación por el funcionamiento adecuado
del sistema. Había creado internamente todos los mecanismos financieros a los efectos de
colaborar en la marcha correcta de los pagos internacionales. Más aún, sus medios de
pago internos, la libra esterlina, convertibles irrestrictamente en oro, agregaban de esta
forma liquidez y evitaban al sistema la utilización directa del oro con el consiguiente
ahorro de fletes que su transporte significaba.
En principio, este sistema funcionaba bastante bien al ser muy simple y no presentar
problemas en su mecánica. Desde el punto de vista económico, tenía una ventaja
fundamental: 'la constancia en el valor de las monedas'.
El sistema del
patrón-oro clásico adolecía de serios inconvenientes:
Beneficiaba a los países poseedores de oro, que son los que en un principio podían
emitir dinero en cantidades abundantes.
Estimulaba el desequilibrio inicial entre países que tenían oro y los que no lo tenían;
aunque con el tiempo el sistema tendió a ajustarse al ir adquiriendo dicho metal estos
últimos países.
La cantidad de dinero en circulación estaba limitada por la cantidad de oro existente. No
había más cantidad de dinero que la cantidad de oro. En un principio el sistema
funcionaba, la masa monetaria (M) era suficiente para pagar las transacciones
internacionales que se realizaban, pero a medida que el comercio y las economías
nacionales se fueron desarrollando, M se volvió insuficiente para hacer frente a los
cobros y pagos derivados de dichas transacciones.
La falta de liquidez provocaba un aumento de la deflación y de los desequilibrios que
afectaban a cada economía nacional.
Esta es la razón por la que el sistema evolucionó, hacia otro denominado sistema de
patrón de cambios-oro o conocido también como patrón-oro-esterlina. |