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1.5.2.3. Mercado de Acciones
Comenzaremos con un esbozo de los principales
conceptos, a saber: acciones, rendimiento, ganancias de capital.
"Las acciones son derechos a recibir una parte de los
beneficios de una empresa [...] El accionista recibe el rendimiento de dos maneras: la
mayoría de las empresas pagan regularmente dividendos, lo que significa que los
accionistas reciben una determinada cantidad (dinero, bonos u acciones) por cada una de
las acciones que poseen. Las empresas pueden también decidir no repartir estos beneficios
entre los accionistas para quedarse con ellos para reinvertirlos y aumentar así las
acciones cobran más valor, ya que ahora representan derechos sobre los beneficios de un
stock de capital mayor. Por lo tanto sube el precio de la acción en el mercado y los
accionistas pueden obtener ganancias de capital..."
"...Una ganancia de capital es una subida del
precio de una acción durante un período de tiempo. Naturalmente cuando empeoran las
perspectivas de las empresas, pueden bajar los precios de sus acciones y los accionistas
pueden experimentar pérdidas.
"Por lo tanto, el rendimiento de las acciones, es decir, el
rendimiento que obtiene su propietario, es igual al dividendo (en porcentaje del precio)
más la ganancia de capital."
Procederemos a explicar la relación existente entre el mercado de
acciones y el dinero.
"Tanto el cambio monetario, como los precios
de los valores bursátiles como ya se ha mencionado se anticipan a los puntos de
inflexión, del ciclo económico y, en consecuencia, es posible clasificar a ambas series
como indicadores anticipados de la actividad económica. Pero dado que los cambios
monetarios tienen una anticipación más prolongada respecto de los puntos de inflexión
del ciclo económico que los precios de los valores, se infiere que el cambio monetario se
anticipa a los precios de los valores [...] Se aducen aquí pruebas adicionales que
demuestran la dominancia del cambio monetario.
"En promedio, el índice mensual de precios de Standard &
Poor, de 425 valores bursátiles industriales ha tenido giros descendentes con cuatro
meses de anticipación de los puntos culminantes pasados del ciclo económico. Con todo,
ni siquiera el mercado de valores se ha adelantado a los pasados puntos culminantes del
ciclo económico."
"El conocimiento de los hechos concernientes a la relación
habitual de anticipación entre los cambios en los precios de los valores bursátiles y
los cambios en el ciclo económico señala extrema dificultad de tratar de pronosticar los
segundos a partir de un pronóstico de los primeros. Si bien se dispone de datos relativos
a los precios corrientes de los valores por lo común se llega a disponer de datos
referentes a los negocios hasta que ha transcurrido de uno a cuatro meses después de que
los hechos son generados por la economía. Jamás se sabe con certeza cual es el estado
actual de la economía, y con rareza se conoce su estado reciente, salvo el de unas
cuantas de las industrias principales, como son la siderúrgica y la automotriz, sobre las
que generalmente se dispone de datos semanales. Las revisiones de los datos complican más
la cuestión. A menos que uno tenga la posibilidad de proyectar con confianza la tendencia
de los negocios más allá de seis meses después de los últimos datos observados. En el
supuesto de que esos datos no serán revisados con ulterioridad, será imposible decir lo
que ocurrirá con la tendencia de los precios en el mercado de valores."
Los analistas basan sus opiniones acerca del desarrollo de los
futuros precios de los títulos valores bursátiles en pronósticos de corto plazo, como
el análisis técnico, fundamental y la predicción por serie de tiempo de balances y de
series bursátiles. Dichos métodos rara vez detectan los puntos de inflexión debido a
que se basan en que la tendencia seguirá en el futuro. Intentaremos agregar en nuestro
estudio una componente cíclica que logre corregir estos errores.
Debido a que hasta ahora no existen pruebas que refuten la
aplicación de esos pronósticos a corto plazo, debido a que la tendencia más probable de
los precios es la que sigue en la misma dirección, con esos pronósticos existen grandes
posibilidades de acertar gran parte de las veces. En la experiencia se pone de manifiesto
que los pronósticos a corto plazo no sirven de nada para la estimación de las tendencias
futuras de los precios de los valores bursátiles en los puntos de inflexión, inclusive
cuando las proyecciones económicas son correctas. Sin embargo, es muy probable que las
perspectivas a corto plazo sean engañosas en esos puntos en que la dirección de la
tendencia de los precios de las acciones sea opuesta a la tendencia de los negocios.
"Es evidente que la realización habitual entre las tendencias
de los valores bursátiles y las tendencias de la economía es de que las tendencias de
los valores sean a la baja, cuando la actividad agregada de los negocios ha alcanzado
nuevas alturas y todavía es ascendente. Típicamente los precios de los valores
bursátiles siguen bajando hasta mucho después que se ha rebasado el punto de inflexión
superior del ciclo económico. Posteriormente, cuando el ciclo económico tiene un giro
ascendente, por lo general el mercado de valores ha superado con mucho sus puntos bajos.
En efecto, es típico que los precios de los valores bursátiles y la actividad económica
se movilicen en idéntica dirección casi una tercera parte del tiempo, y esa tercera
parte es la más interesante, la más difícil de predecir y, no obstante, la que
potencialmente es la más rentable."
"Según se indicó con anterioridad, los
cambios en la tasa de crecimiento monetario han precedido de manera consistente a los
puntos de inflexión del ciclo económico. Los precios de los valores bursátiles por lo
común lo hacen así. Efectivamente, en promedio, la anticipación al punto más alto
alcanzada por el ciclo económico es de unos 15 o 16 meses, en comparación con un
promedio de anticipación de 5 o 6 meses de los precios de los valores bursátiles. Los
cambios en el crecimiento monetario se anticipan a los giros ascendentes cíclicos como
promedio de un lapso de 8 meses, mientras que los giros ascendentes en los precios de los
valores se producen en promedio unos 4 o 5 meses antes de los giros ascendentes de los
negocios. Por consiguiente, los cambios en el crecimiento monetario se anticipan a los
cambios en los valores bursátiles, como promedio, de unos 9 meses antes de un mercado
bajista, y de 2 a 3 meses antes de los mercados alcistas.
"No obstante, los datos sólo indican la anticipación media
de los cambios en el crecimiento monetario, previos a un cambio en los precios de los
valores bursátiles. Si bien es posible que los promedios revistan utilidad como
resúmenes estadísticos para algunos fines, quizás para otros casos induzcan a error.
[...] A los analistas les debe interesar la variabilidad de los datos. Aunque se disponga
con facilidad de medidas estadísticas de la variabilidad, quizás la prueba más
convincente de utilidad de la relación entre el crecimiento monetario y el precio de los
valores bursátiles consista en su aplicación.
"Es también conveniente tomar nota con cuidado de que no
existe ninguna razón teórica inherente manifiesta por la que, en promedio, la
anticipación del cambio monetario con respecto a los cambios en los precios de los
valores bursátiles sea de unos 9 meses antes de los mercados bajistas y de 2 a 3 meses
antes de los mercados alcistas. De hecho, en años recientes ha habido una tendencia a que
la anticipación del cambio monetario respecto de los mercados bajistas se acorte.
"Nuestro actual entendimiento de por qué el cambio monetario
influye en el precio de las acciones no nos da la respuesta. Quizás un conocimiento mayor
de la influencia del dinero sea en parte lo que haga falta. La variación apreciable del
tiempo de anticipación en lo futuro limitaría seriamente la utilidad de la liquidez como
medio para determinar el momento de los cambios en la inversión.
"Puesto que no tenemos una comprensión cabal de porqué las
anticipaciones han tenido la duración registrada en el pasado, no tenemos la certidumbre
de que se habrán de repetir en el futuro. Aún cuando no podamos tener la certidumbre de
los lapsos de las anticipaciones futuras, tanto los argumentos teóricos como las pruebas
empíricas indican firmemente que los cambios monetarios servirán de alguna guía para
determinar el momento en que se adopten las futuras decisiones en materia de
inversión."
Resulta lógico pensar que los períodos de mayor
liquidez (crecimiento monetario) permiten un aumento de los precios, y que no se daría de
todas formas si no hubiese crecimiento monetario; por otro lado resulta impensable que en
períodos de menor liquidez exista este tipo de alza en el precio de los valores. Es obvio
que los cambios en las fluctuaciones de la liquidez ejercen, al parecer, un impacto de
capital importancia en los precios de las acciones, y no es convenientes pasarlos por alto
cuando se adoptan decisiones en materia de inversiones en acciones, en las que se requiere
un pronóstico explícito o implícito del futuro.
"...Mientras los cambios en
el crecimiento monetario se sigan anticipando a los cambios en los precios de los valores
bursátiles, no es indispensable que uno este convencido de que la relación es causal.
"Si uno afirma que las condiciones en los negocios son las que
provocan tanto la declinación en el crecimiento monetario como en los precios de los
valores, es difícil explicar porqué ambas series comienzan a declinar cuando la
actividad de los negocios todavía va en ascenso, y porqué ambas series comienzan su
ascenso con antelación a un giro ascendente posterior de la actividad económica. En
general el crecimiento monetario está determinado por la autoridad monetaria, antes que
por la actividad de los negocios que el impacto en el sistema financiero. Para encontrar
una explicación de si el crecimiento monetario afecta al crecimiento de los precios de
los valores se debe realizar la siguiente hipótesis.
"Es posible que la fuerza causal inicial este vinculada con el
cambio en la liquidez de la economía, que está en relación con los deseos de liquidez
de las unidades económicas, incluidas las empresas y los consumidores. La demanda de
dinero por parte de la comunidad crece a medida que los ingresos crecen y las tasas de
interés declinan, esto es cuando el valor de los activos aumenta. A medida que los
ingresos aumentan, la comunidad desea disponer de un mayor volumen de dinero para dar
acomodo al volumen más grande de transacciones. Asimismo, la demanda de dinero se
intensifica a medida que las tasas de interés declinan, puesto que el costo de mantener
dinero en efectivo ocioso es menor. La demanda de dinero para transacciones crece en el
curso de la tendencia de la economía a largo plazo, así como durante la fase de
expansión del ciclo económico. Si en ese momento se reduce el crecimiento monetario en
virtud de la intervención de la autoridad monetaria, llega a ser necesario que la
comunidad haga ajustes a las necesidades crecientes de liquidez en relación con la
liquidez existente.
"Tampoco les es posible a las
empresas y personas físicas por separados o en conjunto, aumentar el acervo de dinero de
la economía, ya que en nuestro sistema económico la fuente básica de liquidez debe ser
el sistema de la autoridad monetaria. Cuando una unidad económica consiga hacerlo será a
expensas de otra. [...] Primero, las unidades de gasto tratan de conservar los saldos en
efectivo cuando la liquidez decrece durante la fase expansiva del ciclo económico. Existe
un incentivo adicional para hacerlo así en épocas de actividad económica creciente, ya
que es típico que las tasas de interés también aumenten por consiguiente, llega a ser
más oneroso en función del ingreso sacrificado mantener grandes saldos en efectivo. Esos
ajustes tienden a intensificar la velocidad o la rotación del dinero.
"Se ha formulado antes la observación de que la velocidad
tiende a aumentar durante la fase de expansión del ciclo económico. Pero en la medida en
que persiste la escasez de la liquidez, en relación con los deseos de la misma, llega a
ser indispensable introducir ajustes adicionales. Hay una tentativa de cambiar los activos
menos líquidos por activos más líquidos. Es posible que esa fuerza se ponga de
manifiesto mediante un número menor de compras de activos fácilmente negociables en el
mercado, como son los valores bursátiles, y mediante una tendencia a cambiar las compras
de acciones por compras de bonos (un tipo de activo más líquido). Por último, algunos
convierten los activos de menor liquidez por efectivo y sustitutos cercanos. Se ofrecen en
venta valores bursátiles en volumen creciente. A fin de atraer compradores, el precio
declina.
"Eventualmente las nuevas tentativas para el ajuste de la
liquidez por conducto de los mercados financieros se hacen más difíciles y costosas, lo
que influye adversamente en el gasto total. Quizás el último resorte sea un intento de
adquirir liquidez gastando menos en relación con el ingreso. Cuando un número apreciable
de unidades de gasto recurre a este medio, el gasto total declina, los beneficios de las
empresas decaen, y la economía entra en una recesión. Pero antes de la recesión se
produce una declinación de los precios de los valores, así como de los beneficios de las
empresas.
"Pero, ¿por qué el giro ascendente de precios de los valores
en el preciso momento en que se deterioran las perspectivas de empleo e ingresos? Al
parecer, es improbable que en su conjunto les sea posible a los inversionistas pronosticar
debidamente el giro ascendente ulterior de la actividad económica, cuando es tan difícil
hacerlo individualmente a los pronosticadores profesionales. Además, quizás exista una
fuerza básica que actúa en los inversionistas y en la economía para conseguir que eso
se realice, aún cuando no haya sido pronosticado por el público inversionista.
"A medida que declina el valor de los ingresos y de los
activos, se retrae el deseo de liquidez por parte de las unidades económicas; en el
supuesto de que no exista una crisis acumulativa de temor o una nueva escasez de la
liquidez que redunde en una crisis. Si al mismo tiempo la autoridad monetaria alienta el
crecimiento del acervo de dinero y, por consiguiente, en la liquidez básica de la
economía, algunos inversionistas llegan a estar dispuestos a renunciar a alguna parte de
su liquidez excesiva. En lo que atañe a una unidad individual, eso se puede hacer dejando
de vender activos fácilmente negociables menos líquidos y, eventualmente, por la compra
de esos activos. Quizás los inversionistas tiendan a cambiar los activos líquidos por
activos menos líquidos. Además, los cambios en el patrón de tasas de interés alientan
ese viraje: en una recesión es típica que las tasas de interés declinen, por lo que el
rendimiento de activos de valor fijo es más bajo que anteriormente, con respecto al
rendimiento de las acciones en dividendos. Durante la fase de declinación de la economía
algunos inversionistas están dispuestos a retener mayor cantidad de efectivos, pues las
tasas de interés son más bajas; en consecuencia, la velocidad disminuye. Más a medida
que se intensifica la liquidez es probable que los precios de los valores respondan
dejando de declinar y eventualmente con aumentos, aún cuando la tendencia en la actividad
de los negocios a corto plazo siga en deterioro.
"Tracemos la secuencia de los acontecimientos en el ciclo
económico con más detalle. Primero, demos por supuesto que la economía está en
equilibrio en el sentido de que el monto de dinero deseado por la comunidad es igual al
acervo existente, y de que los inversionistas están satisfechos con su diversificación
actual de activos. Ahora bien, supongamos que ocurra un aumento en la tasa de crecimiento
monetario como respuesta a las compras en el mercado libre [...] Si la compra hubiese sido
a un banco comercial, éste tendría reservas excedentes en lugar de valores
gubernamentales, y habría un incentivo para efectuar un nuevo arreglo en su cartera, ya
que existiría excesiva liquidez. Si la compra hubiere sido a un vendedor no bancario,
sería probable que éste sólo estuviera temporalmente el efectivo para depositarlo en un
banco comercial, en donde se agregaría a las reservas excedentes del sistema bancario.
Por tanto, en uno y otro caso, la liquidez del sistema bancario se incrementaría y en el
último caso, el vendedor no bancario tendría una proporción más alta de dinero
respecto de los activos totales que antes de la venta. En ninguno de los dos casos se
encontraría el vendedor de valores gubernamentales colocado en una situación de
equilibrio, aún cuando estuviese dispuesto a vender valores a la autoridad monetaria al
precio favorable ofrecido. Existiría un incentivo para reacomodar las carteras de
inversión mediante el cambio de efectivo por un activo de menor liquidez. En el proceso
de utilización de sus reservas excedentes, el sistema bancario aumentaría el total de
sus activos así como el acervo de dinero.
"Es razonable, al parecer, esperar que tanto los tenedores no
bancarios como bancarios de saldos redundantes procurarían primero comprar valores
comparables a los que acaban de vender, es decir; valores con interés fijo que entrañan
menos riesgos. Pero en el proceso de comprar esos valores, se harían subir los precios, y
los compradores que dispongan de efectivo excedente emprenderían una búsqueda a, lo
largo del espectro de inversiones. Los bancos tratarían entonces de expandir los
préstamos, y otros inversionistas tal vez podrían agregar obligaciones de cupones fijo y
eventualmente acciones, bienes raíces, etc., a las obligaciones de mayor riesgo.
"A medida que avanza el proceso de expansión monetaria y de
ajuste de activos, los impactos primarios se propagan por la economía en varias formas:
"Se amplía la gama de activos afectados.
"Los creadores o generadores de activos determinan que ha
aumentado el precio de los activos, y llega a ser rentable intensificar el ritmo de
producción. Ese aumento en el valor de los activos alienta a las empresas comerciales a
incrementar la expansión de capital, mientras que la demanda de vivienda, que es un
importante efecto no financiero, alienta la construcción de cosas, y la demanda de bienes
duraderos de consumo propende a intensificar la producción de éstos, y así
sucesivamente. En consecuencia, al parecer, los saldos de efectivos inicialmente
redundantes, concentrados en manos de aquellos que fueron a los que primero afectaron las
compras en el mercado libre, desatan una serie de respuesta en toda la economía.
"Se puede advertir con facilidad que el estímulo monetario se
difunde desde los mercados financieros hasta los mercados de bienes y servicios que en la
actualidad son producidos. A medida que se hacen subirlos precios de los activos
financieros éstos llegan a ser más costosos con respecto a los activos no financieros,
por lo que hay un incentivo para que los inversionistas ajusten el total de sus carteras
de inversiones mediante la adquisición de activos no financieros.
"Al mismo tiempo, suben los precios de los activos no
financieros existentes, y éstos se llegan a hacer onerosos en relación con los activos
no financieros recién constituidos. E1 aumento de precio de los activos no financieros
tiende a alentar la compra directa de activos en servicios corrientes; antes que la compra
de los activos. Esto propende a incrementar la demanda de servicios productivos
corrientes, tanto para la producción de nuevos bienes de capital como para la compra de
servicios corrientes.
"La explicación precedente es perfectamente compatible con
muchas de las regularidades observadas en el ciclo económico, incluido el patrón de
cambio en los precios de los valores. Al comenzar una contracción de los negocios, la
autoridad monetaria por lo general aumenta la tasa de crecimiento de la oferta monetaria.
Recordando la explicación precedente, esperaríamos que el impacto inicial del aumento en
el crecimiento monetario se reflejase primero en los mercados financieros. El intento de
restaurar las tenencias de valores de cupón fijo, redundaría en primer lugar en un alza
de los precios de bonos. Ulteriormente a medida que los inversionistas ajustan sus
movimientos a lo largo del espectro de inversiones, los precios de las acciones
aumentarían y finalmente, a medida que se provoca el alza de precios de activos no
financieros, se intensificaría el flujo de pagos por bienes y servicios.
"Este es el patrón que se ha encontrado en la contracción
típica de los negocios. La secuencia anterior de acontecimientos que son transmitidos por
una compra en el mercado libre por la autoridad monetaria, explica porqué es típico que
los precios de los bonos se desplacen delante de los precios de las acciones, los que a su
vez aumentan antes de que el ciclo económico llegue a su punto ínfimo que coincide con
el incremento en la producción de bienes y servicios. Es importante reconocer que la
autoridad monetaria, así como el sistema de la banca comercial, desempeña una función
central en el mecanismo de transmisión que resulta en las fluctuaciones cíclicas de los
mercados de bonos y acciones. La contracción monetaria ejercería los efectos opuestos en
los mercados financieros y en la producción antes mencionados.
"El elemento central del mecanismo de transmisión es el
sistema bancario que inicia los ajustes en los balances a través de toda la economía; a
medida que los inversionistas procuran ajustar sus acervos actuales a los acervos
deseados. En esta explicación de acervos y flujos, el dinero es un acervo incluido en una
cartera de activos, análogo al acervo de activos financieros o no financieros, como por
ejemplo, casas, edificios y existencias (produce un flujo de existencias al igual que
otros activos). Está supeditado a cambio mediante la acción del sistema de la autoridad
monetaria, y en el criterio arriba expuesto, ese cambio constituye la fuerza propulsora de
las perturbaciones en el ciclo económico, y las fluctuaciones conexas en los precios de
los valores bursátiles."
"Según se hizo notar con
anterioridad, los cambios en la tasa de crecimiento de la oferta monetaria están en
relación bastante estrecha con los cambios en la tasa de cambio en los precios de los
valores bursátiles. Análogamente, los cambios en la tasa de crecimiento de la oferta
monetaria van acompañados por cambios en la tasa de cambio de los beneficios de las
empresas, antes del pago de impuestos, en los que la oferta monetaria comúnmente tiene
una corta anticipación. Los beneficios de las empresas son una función del volumen de
ventas, y del margen de beneficios.
"El crecimiento monetario reducido influye en el gasto total,
así como en el volumen de ventas durante un lapso de varios meses, con impacto inicial
leve pero casi inmediato, y con el efecto distribuido en un período de tiempo
considerable, aproximadamente de un año. El crecimiento reducido de las ventas que emanan
de la reducción en el crecimiento redunda casi de inmediato en menor crecimiento de los
beneficios. A medida que la, estrechez monetaria continúa, sigue en declinación el
crecimiento de los ingresos, hasta que en realidad, eventualmente los ingresos declinan
durante el lapso de retracción. Durante la última parte de una expansión de los
negocios, en realidad los beneficios de las empresas se retraen, al igual que lo hacen
otros indicadores anticipados. Puesto que los costos siguen en aumento, inclusive después
de que se debilitan los precios de los productos industriales, la reducción de los
márgenes se agrega al volumen disminuido y se produce una notable declinación de los
beneficios. El hecho de que el mejoramiento de la productividad se debilita o de que en
realidad la productividad declina durante la última fase de una expansión de los
negocios en el período inicial de la contracción económica, suele complicar esos
fenómenos. Eventualmente la creciente atención al control de costos durante el período
de recesión alivia la presión sobre los márgenes de beneficios. Por lo común, la
expansión monetaria empieza cuando se inicia la fase de contracción del ciclo
económico. La intensificación del crecimiento monetario comienza a reducir la presión
al descenso sobre el total de los gastos y las ventas, y eventualmente lleva a un
incremento real en las ventas y la producción. El mejoramiento de los márgenes de
utilidades invierte la tendencia de las utilidades, inclusive antes de que mejore el
volumen, y a medida que aumenta éste, las utilidades se expanden tanto por razones de
volumen como de márgenes. No sólo está el cambio monetario estrechamente vinculado con
los cambios subsecuentes en los beneficios de las empresas y con los cambios en el precio
de los valores bursátiles, sino que también una explicación monetarista es compatible
con la teoría estándar de la determinación de precios de los valores. Durante largo
tiempo se ha argumentado que el precio de una acción es igual al valor descontado de los
ingresos esperados. Los factores principales que determinan así el valor de una acción
son los ingresos esperados y la tasa de interés. De acuerdo con este análisis, los
cambios en el acervo de dinero nominal ejercen escaso impacto directo en el precio de los
valores, pero una influencia mayúscula indirecta sobre los precios de los valores
mediante su efecto en la inflación y en las expectativas de ingresos de las empresas. En
ese contexto más amplio, es posible considerar los cambios en la oferta monetaria como un
sustituto de los factores que tanto directa como indirectamente influyen en los precios de
los valores bursátiles. Los cambios en el dinero influyen directamente en la disposición
de los tenedores de activos a comprar o vender acciones comunes, en su reacción ante los
cambios en las presiones de liquidez.
"Pero tal vez, según arguyó Keran [1], los efectos indirectos sean inclusive más importantes. Según se
argumentó con anterioridad, los cambios en el dinero influyen en el ritmo de creación de
ingresos o en la actividad de los negocios. Puesto que los beneficios de las empresas son
residuales, el cambio en la tasa de crecimiento del ingreso nacional ejerce una influencia
ampliada en la tendencia de los beneficios de las empresas. Un mero retardo de la tasa de
aumento en la economía, por ejemplo, es a menudo causa de una
declinación absoluta en los beneficios de las empresas [2]."
"La teoría nos indica que los beneficios esperados de las
empresas constituyen una variable de primera importancia que influye en los precios de los
valores bursátiles. Las expectativas de beneficios se forman a partir de las tendencias
pactadas de los beneficios de las empresas. Si durante algún tiempo las ganancias han
sido bajas, una tendencia al descenso de los beneficios en la actualidad podría redundar
en una importante revisión hacia abajo de las expectativas en los beneficios de las
empresas puesto que en su mayoría las tendencias recientes influyen poderosamente en los
puntos de vista actuales.
"Si el crecimiento monetario precedente ha sido sumamente
expansivo, la inflación podría redundar en tasas de interés altas y en ascenso, a
medida que los participantes en el mercado llegan a esperar una inflación seria en lo
futuro. Además, el impacto a corto plazo de una política monetaria más restrictiva
elevaría las tasas de interés. Un clima inflacionario, en respuesta a una política
previa de expansión monetaria, seguida a su vez por una política más restrictiva que
estuviese encaminada a retardar la economía, ejercería una fuerte presión descendente
en los precios de las acciones comunes que obedece a las influencias ejercidas por la
liquidez, los beneficios y las tasas de interés. Recíprocamente, un período de
crecimiento económico en expansión; como respuesta a un crecimiento monetario estable y
moderado que ocurre en un momento que se caracteriza por la mengua en las presiones
inflacionarias, sería sumamente benéfico para los precios de las acciones. El dinero en
expansión generaría presiones de liquidez tendientes a la adquisición de acciones
comunes, y el incremento en los beneficios de las empresas aumentaría las expectativas de
beneficios, mientras que la reducción de las expectativas inflacionarias redundaría en
tasas de interés más bajas.
"Se podría esperar que las expectativas de aumento de la
inflación hicieran aumentar tanto la tasa de interés corriente como los ingresos
esperados de las empresas, en idéntica proporción, y por ende que no influyeran en los
precios de los valores. Pero, según señaló Keran, no es necesario que las expectativas
de inflación apenas se equilibren mutuamente mediante el efecto de las tasas de interés
y de los ingresos de las empresas, excepto en, el equilibrio a largo plazo, cuando son
iguales la inflación real y la esperada."
Retomando temas ya mencionado podemos agregar que existen dos
formas en las que es posible que lógicamente difiera el efecto de la inflación en los
ingresos esperados y las tasas de interés. "...Primero, debido a horizontes
cronológicos distintos, quizás los inversionistas en bonos evalúen de modo diferente
las expectativas de inflación que los tenedores de acciones. Pero quizás más
importante, inclusive si los inversionistas en acciones y bonos alienten idénticas
expectativas de inflación, es posible que las expectativas de inflación eleven más las
tasas de interés que los ingresos esperados. Si la inflación se anticipa a las
expectativas de incremento en los costos que exceden de los aumentos de precios, las
expectativas de ingresos reales disminuyen en relación con las tasas de interés reales.
Al parecer, esta última posibilidad es especialmente plausible cuando se reconoce que los
precios sensibles al por mayor responden con mucha mayor facilidad a los cambios en la
demanda que las tasas de mano de obra que conforman una proporción apreciable de la
mayoría de costos de producción. Por tanto, en la fase inicial de una inflación en
evolución, tal vez los precios de los valores bursátiles respondan favorablemente a
medida que los ingresos esperados aumentan más que las tasas de interés. Pero
ulteriormente, quizás después de que se aplica la restricción monetaria, las tasas de
interés siguen en aumento, llega a ser más difícil elevar los precios, y los costos
siguen su movimiento ascendente. Así, las expectativas de que la inflación aumente
deprimen los precios de los valores, lo que obedece al incremento de las tasas de interés
así como al estancamiento o declinación de los ingresos reales. Recíprocamente, las
expectativas de retraimiento de la inflación ejercen un impacto favorable en los precios
de los valores bursátiles, tanto por las tasas de interés más bajas, como por un
patrón de costos más favorable, a medida que eventualmente los costos aumentan con menos
rapidez, de acuerdo con la tendencia más estable de los precios."
"El cambio monetario no es el único factor que influye en los
beneficios de las empresas, en las tasas de interés y en los precios de los valores
bursátiles, pero en apariencia es de capital importancia, o bien el cambio monetario es
causa de los cambios en los beneficios de las empresas, en las tasas de interés y en los
precios de las acciones bursátiles, o éstos están supeditados a una causa común.
Puesto que el crecimiento monetario en amplia medida está determinado por las decisiones
de la autoridad monetaria, es difícil aceptar el criterio de que alguna otra fuerza es la
causante de los cambios en esas variables.
"Según se aseveró con anterioridad, no hay ninguna forma de
probar que la explicación precedente sea la correcta. Pero es compatible con la relación
observada de tiricia en las tendencias económicas y en los precios de los valores
bursátiles durante un ciclo económico. Hasta que no se descubra una contradicción y se
ofrezca una explicación superior, se debería aceptar provisoriamente el raciocinio
anterior. Aunque es reconfortante para nuestro intelecto estar en aptitud de explicar
fenómenos en apariencia contradictorios, eso no puede servir como prueba valida de la
teoría a efecto de que los cambios en el crecimiento monetario influyen en los precios de
los valores bursátiles, tanto directa como indirectamente, en forma susceptible de
predicción..."
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