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Tipo de cambio real de equilibrio

Capítulo 2

Análisis cualitativo del período bajo estudio

 

En este capítulo se observarán las series estimadas por la presente investigación, con el objeto de analizar lo sucedido en el período bajo estudio. A tal efecto se introduce al lector en los hechos más importantes ocurridos entre 1980 y 2002, para luego proceder a subdividir el período y facilitar el análisis. Las estimaciones presentadas tienen una base metodológica que se explica en el anexo correspondiente, donde se plasma el procedimiento empleado.

 

2.1. Las crisis desde 1980 a 2002 [1]

 

Desde el año 1980 al año 2002, período que abarca el presente trabajo de investigación, la Argentina sufrió una serie de shocks externos o crisis financieras que provocaron que la economía se ajustara. En marzo de 1979 se produce el segundo shock petrolero que revirtió el saldo de la cuenta corriente para pasar a ser negativo. En 1980 y 1981 el endeudamiento y el atraso cambiario  comenzaba a pronunciarse. Luego de un período donde el crecimiento del crédito interno no se reflejaba en los precios, debido a la venta de reservas para mantener el esquema cambiario de pauta devaluatoria decreciente, pero generaba reducción de reservas y caída del tipo de cambio real, en 1981 se deja de lado el estricto control del tipo de cambio y se devalúa. Hasta 1981 y desde 1976 la deuda externa había aumentado un 350% para financiar inversión pública a largo plazo, equipamiento militar y otras obras con deudas a corto y largo plazo con tasas elevadas y en permanente crecimiento. A partir de 1980, y como resultado de una mala administración del crédito interno y el alto endeudamiento externo se comienza a financiar con emisión de dinero. Hacia 1980 se originó una corrida bancaria, producto de un mal manejo de los bancos, que llevó a que la economía se ajustara en el período 1980-1981. En 1982 la situación de endeudamiento externo era comprometida y México declara su moratoria en el pago de la deuda. Esto generó un contagio que aumento el costo del crédito y redujo la disponibilidad del mismo. Esta situación se vio agravada por la guerra que culmina en 1983. En 1985  la alta inflación originaba desconfianza y una reducción del producto era la contrapartida del ajuste interno. Hacia finales de 1985 se genera el plan austral que tiene buenos frutos hasta el año 1987 donde el tipo de cambio real llegaba a un piso y la situación de endeudamiento externo y déficit de balanza de pagos obligaban a otro ajuste en la economía. En 1988 la Argentina entra en default con los intereses de la deuda y declara la moratoria de su deuda. En 1989 se retira el apoyo al gobierno nacional y se genera una nueva corrida que provoca un nuevo ajuste. En el año 1994 México, Turquía, Venezuela inician una crisis financiera que tiene su efecto en Argentina durante 1995. El ajuste de esta crisis fue moderado, comparado con las anteriores, y en 1997 una seguidilla de crisis financieras internacionales que se inician en Indonesia 1997-1998, Korea 1997-1998, Malasia 1997-1998, Philipinas 1997-1998, Thailand 1997-1998, y Rusia 1998, provocan contagio en la región de América del Sur contagiando a Brasil 1998 afectando a la Argentina a partir de fines de 1998. La Argentina en ese momento había experimentado un crecimiento importante pero sesgado hacia el sector no transable. El ajuste que debía provocarse, fruto de una nueva situación de endeudamiento externo crítico, paulatino ataque contra las reservas del BCRA a partir de 1999, siguió un camino distinto a las crisis anteriores y muy similar a la crisis de 1995, es decir por aumento del tipo de cambio real vía reducción de los precios internos (deflación) Si bien la crisis de 1995 fue menor a la que se inicia en 1999, el mecanismo de ajuste es el mismo. La reducción en la producción transable y no transable fue de las más grandes del período. El ajuste vía precios fue lento y no alcanzó a movilizar los factores productivos hacia el sector transable. Hacia el año 2001 la economía Argentina se encontraba con un ataque especulativo muy fuerte, producto de su alto endeudamiento y el contagio de las crisis financieras internacionales. Al inicio del 2002 Argentina se declara en default con los organismos internacionales y devalúa su moneda.

 

o       Crisis del ´80

 

El detonante de esta crisis fue la declaración en moratoria hacia el pago de la deuda externa por parte del gobierno de México. (1981)

 

El contagio se hizo notar en todos los países latinoamericanos, incluyendo a la Argentina que, por primera vez en su historia, sufría el contagio de un problema originado dentro de los límites geográficos del sur del continente.  Comenzaba de esta manera un proceso denominado posteriormente como la "latinoamericanización" de la Argentina, ya que esta crisis aceleró de manera notable la tendencia evidenciada desde 1950, la cual denotaba un marcado deterioro de la perfomance de la economía, acercando los estándares de vida argentinos, a los latinoamericanos.

 

Además de lo complicado del panorama externo, la situación interna del país no era para nada alentadora. Los shocks de oferta adversos provocados por las crisis petroleras habían volteado cualquier intento de estabilización de precios. El problema inflacionario se conoció en Argentina en 1949, fecha a partir de la cuál la población "aprendió" a convivir con este fenómeno, pero recién en esta década la inflación mostraría su peor cara.

 

Anexado al incipiente proceso inflacionario, la Argentina se encontró con un nivel de endeudamiento superior a los 40.000 millones de dólares, originados en la colocación de las ganancias de los países de la OPEP para el financiamiento de obras de dudosa rentabilidad social.  Sin crédito externo y junto al incremento en las tasas de interés internacionales, la deuda se hizo incontrolable.

 

El efecto tuvo especial repercusión en el nivel de inversión, la cuál tomada entre puntas (pre y post crisis) evidenció una caída de casi el 60%, marcando lo adverso de las expectativas y la imposibilidad de visualizar un horizonte más alentador.

 

El fuerte endeudamiento existente y la falta de crédito externo e interno, provocó serios efectos sobre la balanza comercial y el crédito interno.

 

La balanza comercial debió forzar un superávit, el cuál se mantuvo durante buena parte de la década en el orden de los 3500 M en promedio. El notable ajuste sufrido por el sector se manifiesta en la magnitud de las importaciones, las cuales de un valor pre-crisis cercano a los 17.500 M, se ven reducidas a casi 7.000 M en promedio para el resto del tiempo de duración de la crisis. La reducción en la capacidad importable afectó la adquisición de insumos y bienes de capital, lo que implicó la paralización del aparato productivo.

 

La falta de recursos y financiamiento, y la existencia de un estado sobredimensionado, condenó al gobierno a recurrir a la única herramienta que aún le quedaba disponible: la emisión monetaria.  El proceso inflacionario originado en la mitad del siglo, y continuado sin prisa pero sin calma hasta esta fecha, había formado a la sociedad con una mentalidad de protección hacia el alza de precios mediante la indexación. Tal cultura, unida a las desatenciones del gobierno en los equilibrios macro básicos,  permitió que el proceso se prolongara en el tiempo y terminara hacia fines de la década en un proceso hiperinflacionario.

 

Para comprender la magnitud de la crisis, es necesario remarcar que la misma se trasladó al plano político de una manera notable. Dos gobiernos fueron "derrumbados" por este problema. Ni la férrea postura de un gobierno militar, ni el efecto positivo sobre las expectativas que implicó la llegada de un gobierno democrático, pudieron solucionar los problemas.

 

La salida comenzó a evidenciarse al comenzar el país las reformas sugeridas por el Consenso Washington, y con la posibilidad de renegociar la deuda externa a través del plan Bready.

 

La salida de la crisis puede enmarcarse temporalmente hacia fines del año 1991. Durante el lapso de duración de la crisis, se comprendió la necesidad de encarar reformas estructurales profundas en el funcionamiento del estado. Dichas reformas se pondrían en práctica durante la década de los ´90, y serían puestas a prueba con la llegada de una nueva crisis externa hacia fines de 1994. 

 

o       Efecto tequila

 

La economía Argentina se encontraba en un franco proceso de recuperación desde los deprimidos niveles de la década anterior, merced al éxito obtenido en las reformas implementadas por el nuevo gobierno.

 

Alentadores resultados se obtuvieron en la lucha contra la inflación, la cuál fue derrotada al instaurarse un sistema de caja de conversión, no totalmente puro sino con un cierto margen de flexibilidad. Los procesos de privatización habían brindado al estado los recursos suficientes para contener, al menos temporalmente, los problemas de desequilibrio fiscal. Para esa época el país era puesto como un ejemplo por el FMI ante el mundo, el optimismo de los inversores se evidenciaba en un fuerte ingreso de capitales.

 

El optimismo parecía estar fundamentado en las correctas reformas económicas, pero hacia fines de 1994, nuevamente un problema externo, también latinoamericano, y generado una vez más en México, pondría en duda la capacidad del estado argentino y la factibilidad de las reformas implementadas.

 

La devaluación de la moneda mexicana hacia fines de 1994, generó un proceso de pánico entre los inversores internacionales, lo que inmediatamente operó como mecanismo de transmisión o contagio de la crisis hacia los demás países emergentes.

 

Argentina cayó bajo la desconfianza internacional y comenzó a producirse una fuga masiva de depósitos hacia países más confiables ("fly to quality").

 

El contagio abarcó también al sistema financiero, el cuál sufrió un retiro en masa por parte de los ahorristas, ocasionando los problemas típicos de un sistema de encaje fraccionario, pero agravado por la ausencia de un prestamista de última instancia.

 

El gobierno, y más especialmente el BCRA, se vio en la disyuntiva de ayudar a los bancos con problemas mediante redescuentos por sobre lo permitido por el régimen de caja de conversión, lo cuál implicaría la salvación de los primeros pero la caída del régimen de convertibilidad, o mantener la ayuda a los bancos dentro de lo permitido por el sistema, dejando al sistema financiero expuesto al riesgo de iliquidez pero preservando el régimen de caja de conversión.

 

La respuesta de las autoridades del BCRA fue optar por esta última alternativa: el sistema financiero sufrió un fuerte impacto, produciéndose la quiebra de casi la mitad de las entidades bancarias existentes y generando un proceso de reorganización y fusión de la banca Argentina.

 

La crisis de sistema financiero generó efectos reales denotados por una fuerte contracción en el nivel de las importaciones (13%), generando un superávit en la balanza comercial. Esto no era más que la otra cara de la moneda en lo referente a la salida de capitales.

 

El nivel de consumo e inversión se resintió, cayendo aproximadamente durante la crisis en un  5% y 15% respectivamente con respecto a los valores evidenciados en momentos previos.

 

Se percibió también una modificación en la estructura de producción desde actividades no transables a transables, de muy acotado efecto dado lo relativamente fugaz del accionar de la crisis y la rigidez del sistema productivo para ajustarse en el corto plazo.

 

El correcto accionar de las autoridades monetarias permitió que el shock externo no derribara los cimientos de la convertibilidad ni que afectase la estabilidad de precios. Luego de pasado el caos, la actividad retomó su senda de crecimiento previo a la crisis.

 

Las reformas efectuadas al principio de la década, habían sido puestas a prueba. Se decía por entonces que la Convertibilidad "había pasado por su prueba de fuego"; a pesar de las innumerables quiebras el sistema financiero había resultado fortalecido y se llegó a pensar que la fortaleza del sistema era total.

 

En pocos oídos hicieron eco las voces de alerta emitidas por algunos economistas[2] (mucho menos en los oídos del FMI, que exhibía a la economía Argentina como uno de sus más notables logros), que alertaron sobre el notable crecimiento experimentado por las transferencias de recursos al exterior en concepto de intereses,  de la ya "sobredimensionada y descontrolada" deuda externa Argentina.

 

o       Crisis del 2001

 

A diferencia de las anteriores, este problema de la economía Argentina no fue ocasionado por shocks externos, aunque sí alimentado.  Una serie de acontecimientos económicos y políticos internos serían los detonadores del proceso, los cuales se combinarían de una manera letal para el sistema económico.

 

Las grandes contradicciones y opiniones encontradas de las autoridades económicas y políticas (salir de la convertibilidad versus permanecer atados a ella, convertibilidad original versus convertibilidad ampliada, dolarizar versus no dolarizar, senadores vs. Vicepresidente, banco central independiente versus juicio dependiente, etc.) ejercieron una fuerte confusión entre los agentes económicos y una postergación sucesiva en sus decisiones de inversión que condujeron a mantener y prolongar el proceso recesivo.

 

Los graves problemas de desequilibrio en las cuentas fiscales y en la balanza comercial, unidos al incremento de la percepción de riesgo de los inversores internacionales, ejercieron una retracción en las fuentes de financiamiento del estado, lo cual  imposibilitó la implementación de políticas expansivas tendientes a revertir el ciclo. El problema de financiamiento era tal que obligó a efectuar políticas contractivas en pleno proceso recesivo (política fiscal endógena) agravando el panorama esbozado anteriormente.

 

Hacia fines del año 2001 se producía un ataque especulativo contra las reservas del BCRA unido a un retiro masivo de depósitos (tanto en pesos como en dólares) y a una fuerte crisis institucional y política.

 

Los efectos reales fueron muy marcados. El consumo y la inversión sufrieron un retroceso del orden del 20% y 47% respectivamente, respecto a los valores pre- crisis (es importante considerar que los valores pre - crisis correspondían ya a la parte recesiva del ciclo económico). Las importaciones se contrajeron un 60% originando un superávit en la cuenta corriente; las exportaciones recién reaccionarían al nuevo y favorable tipo de cambio real luego de un año de ocurrido el abandono del sistema de convertibilidad. El nuevo escenario modificó notablemente el panorama productivo, desplazando recursos desde actividades no transables hacia actividades transables generadoras de divisas.    

 

 

[1] Un trabajo más extenso de síntesis sobre la historia económica Argentina puede verse en TRAPÉ, Alejandro., “Períodos de Política Económica Homogénea en Argentina (1800-1990)”, (Mendoza, FCE UNC, 2000)

[2] Aun hoy, en declaraciones públicas del Dr. Claudio Loser como ex funcionario del FMI, “La convertibilidad debió ser flexibilizada luego del tequila de 1995”, Mendoza, 25 de Julio de 2003, programa Opinión de Canal 9.

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